Restauracion pintura Cristo crucificado
Cristo crucificado

Hay veces que nos vienen obras que aunque tengan mucho trabajo, dejan un buen sabor de boca por el resultado obtenido. En el caso de la restauración de pintura Cristo crucificado.  Examinando la obra los materiales, la técnica empleada y el soporte eran de buena calidad. La obra respondió bien a todos los tratamientos y fué deparando sorpresas agradables. 

Proceso restauración pintura Cristo

Procedimos desmontando la tela del bastidor.  Protegimos la obra para realizar un sentando el color que eliminase las arrugas y bolsas y a fin de regenerar la capa de preparación. La tela es bastante gruesa, del tipo goya pero menos tupida. En el reverso tenía grandes manchas de resto de cola de tipo animal gruesa , oscura y muy adherente. Se apreciaban intervenciones anteriores en todo el cuadro. Preparamos la tela para proceder a una forración tradicional con gacha como adhesivo y sobre telar metálico extensible.

colocamos un nuevo bastidor de madera de pino curada de grosor y ancho mayores a los que tenía el cuadro orginal.

Se eliminaron las capas antiguas de barniz oxidado y suciedad dejando unas catas para su registro fotográfico. En este punto procedimos a eliminar todos los repintes de la zona inferior sobre la base de los candelabros y alrededor de las cabeza de los ángeles. Segun vamos avanzando en la restauración de esta pintura, van surgiendo más repintes de los que se apreciaban al principio. Surgieron unos tonos claros blanquiazules que han estado ocultos por los repintes de tono bruno. La zona se encontraba muy perdida pero se consiguió recuperar el estado original de la obra.

Historia

No encontramos en los Evangelios un relato detallado de las últimas horas de la vida de Jesucristo. La Crucifixión debía ser algo tan cotidiano que apenas se menciona.

Los comentarios acercas de la vida y muerte de Jesús, hemos de buscarlos en los Evangelios de Juan, Mateo, Marcos, y Lucas.

Jesús fue azotado, lo vistieron con un manto rojo, le pusieron en la cabeza una corona de espinas y una caña en su mano derecha. Los soldados romanos se burlaban de él diciendo: “Salud, rey de los Judíos”. Fue obligado a cargar la cruz en la que iba a ser crucificado hasta el Calvario, que significa, en arameo, “lugar del cráneo”. En momentos de desfallecimiento, Le ayudó a llevar la cruz un hombre llamado Simón de Cirene.

Tras crucificarlo, los soldados se repartieron sus vestiduras. En la cruz, sobre su cabeza, pusieron un cartel en arameo, griego y latín con el motivo de su condena: “Este es Jesús, el Rey de los Judíos”, que a menudo en pinturas se abrevia INRI (“Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum”, literalmente “Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos”). Fue crucificado entre dos ladrones.

Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó: “Elí, Elí, lemá sabactani”, que en arameo significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, según los evangelios de Mateo y Marcos. Las palabras finales de Jesús difieren en los otros dos evangelios. También hay diferencia entre los evangelios en cuanto a qué discípulos de Jesús estuvieron presentes en su crucifixión: en Mateo y Marcos, son varias de las mujeres seguidoras de Jesús; en el Evangelio de Juan se menciona también a la madre de Jesús y al “discípulo a quien amaba” (según la tradición cristiana, se trataría del apóstol Juan, aunque en el texto del evangelio no se menciona su nombre).