Restauración del retrato de una dama con mantilla y abanico que se encontraba rajado. La pintura se rajó en un traslado, algo que ocurre en numerosas ocasiones y que no siempre lo cubre el seguro. La raja de la tela es de grandes dimensiones y además se encontraba deformada. Retrato maja. Autor Alarcón. el primer paso en el proceso de restauración de esta pintura es de dar solidez al soporte. Lo normal hubiese sido reentelar para dar cuerpo y rigidez a la tela. Pero dada la buena ejecución de la obra y el buen estado de la tela como soporte, de la capa de preparación y pictórica, y el limitado presupuesto que nos marcaron desde el principio, nos decidimos por colocar parches y adhesivo de resina sintética para unir los bordes rotos de la tela.
El proceso de restauración empezó desmontando la tela del bastidor para eliminar la acumulación de polvo y detritus en el borde inferior. Esto nos permite estirar la tela y llevar a su sitio el desgarrón. La tela respondió bien al tratamiento para aplanar los bordes levantados. De manera que el proceso siguiente es volver a montar la tela en el bastidor y tensar observando atentamente su correcta colocación. Hay que estar atentos al tensado de los lienzos para que no aparezcan deformaciones por exceso o defecto.
La idea del cliente era arreglar unicamente la raja del cuadro, pero como restauradores comentamos que el cuadro estaba muy sucio, y que el tratamiento de sentado de color, levantaría parte de la suciedad de la capa superficial de barniz. el cliente no pretendía hacer una limpieza, pero como profesionales de la restauración hubiese sido un mal trabajo dejarlo a medias. De manera que ante la necesidad de una limpieza de la pintura, procedimos poco a poco por fases a eliminar barnices oxidados y acumulación de suciedad. En las fotos se aprecia esa limpieza de barnices imprescindible para visualizar el retrato de la maja.
La limpieza debe ser acorde a lo que necesita el cuadro. Los restauradores debemos retirar las capas de barniz deeriorado, sin llegar a l estrato de la capa pictórica. Dejando una pequeña pátina, que indica no hbaer llegado a fondo con la limpieza y que tan buen aspecto y valor añadido, deja en la pintura. La reintegración podrá ser más o menos invisible de acuerdo a los gustos del cliente y al criterio y habilidad del restaurador. En este caso hay que emplear pinceles muy finos en la reintegración del color que ayuden a acompañar la textura del óleo marcada por el pincel del artista.
La mantilla hasta mediados del siglo XIX era una pieza básica en el ajuar de cualquier mujer española, que al menos debía tener una. Su uso se generalizó desde el siglo XVI siendo extensivo a todas las clases sociales; La mantilla junto al rosario y el abanico eran atuendo obligado para que la mujer pudiera salir a la calle.