Restauración de pintura religiosa: San Jerónimo penitente.
Tratamiento de restauración de un cuadro ovalado con el tema de San Jerónimo penitente.

Restauración de un San Jerónimo penitente: repintes, barniz pasmado y marco ovalado dorado

Tratamiento de restauración para un cuadro ovalado. Pintura religiosa de siglo xvii

Para restaurar un cuadro de estas características, el portar un marco de tipo óvalo no difiere de uno cuadrado tipo estándar. Pero el correcto tensado es un poco más complicado. Era necesario colocar un nuevo bastidor, móvil y con cuñas. Y es fundamental saber construir este tipo de bastidores empleando el grosor adecuado. Es importante también tener en cuenta que debe encajar perfectamente en el marco original. El tratamiento para recuperar esta pintura religiosa consistió en un sentado de color para corregir grietas, levantamientos y deformaciones. Y nos sirve para proteger la obra ante el cambio del soporte o bastidor. En muchas ocasiones como en esta, el proceso de sentar color en restauración, facilita la observación de reintegraciones anteriores. Si estas se encuentran bien entonadas y no han virado de color no es necesario tocarlas. Pero lo normal es que hayan cambiado de color con el paso del tiempo. La limpieza de estos llamados «repintes» puede complicarse mucho si no se han empleado materiales reversibles como hacemos los restauradores actualmente.

Limpieza de barniz

La Fig. 6 muestra el resultado al retirar el papel protector tras el sentado de color. El barniz queda pasmado (lo explicamos con detalle un poco más abajo), pero no es importante ya que hay que limpiar este barniz sucio y oxidado, y eliminar los repintes o reintegraciones anteriores.

En este caso para la limpieza de barnices sucios y amarillentos por oxidación, empleamos una mezcla de hidrocarburos. Y para los repintes nos ayudamos de medios físicos como el bisturí. En la Fig. 2 se aprecia la profundidad y luminosidad que gana el cuadro tras la limpieza del cuadro. Se eliminaron pues todas las reintegraciones anteriores y procedimos a reintegrarlas de nuevo con acuarelas y pigmentos al barniz.

Por último se procedió a barnizar la pintura con barniz satinado de la casa Lefranc.

Tratamiento de marco: reintegración de volúmenes y dorado

El marco se mostraba muchas faltas debido a golpes. Fue necesario seguir una serie de pasos para recomponer el volumen y aplicar el pan de oro. Pasos y materiales que intervienen en esta técnica:

  1. Preparación del soporte. Se aplica como imprimación lo que llamamos estuco o pasta de dorador. Es una mezcla de yeso y cola que damos sobre la superficie del marco para prepararlo para el dorado.
  2. Aplicación del bol. Damos una serie de capas con una arcilla muy fina llamada bol. La mezclamos con agua y cola, sobre la imprimación. Pulimos la superficie para recibir las láminas de oro.
  3. Aplicación de láminas de oro. Con herramientas como el pomazón, la polonesa y cuchillos muy afilados, cortamos las obleas del pan de oro y las depositamos sobre la superficie anteriormente preparada con el bol. Pero antes de dejar caer la hoja, aplicamos con un pincel un «aguacola» muy floja a modo de adhesivo.
  4. Bruñido. Debemos dejar pasar un tiempo para continuar con el proceso de bruñido. ¿Cuánto tiempo? Ese es el truco y la experiencia del dorador. Depende de las condiciones climáticas y su intuición. Con una piedra de ágata apretamos el oro contra la cama de arcilla para darle brillo al oro y dar la sensación de pieza maciza.

¿Qué es el pasmado del barniz?

El pasmado es una alteración óptica que se manifiesta como una pérdida de transparencia en la capa de protección (barniz) o en la capa pictórica superficial. Se percibe visualmente como un velo blanquecino, azulado o turbio que impide la correcta lectura de los colores, ocultando la profundidad y los matices de la obra.

A diferencia de la suciedad superficial, el pasmado no es algo depositado sobre el barniz, sino una degradación o desorganización física dentro de su propia estructura.

¿Por qué ocurre?

El fenómeno suele deberse a una interacción inadecuada entre los materiales de la obra y factores externos como la humedad o los disolventes. Las causas principales son:

  • Condensación de humedad (causa ambiental). Es la más frecuente. Cuando un barniz se aplica o se limpia con disolventes de evaporación muy rápida, la superficie se enfría bruscamente por debajo del punto de rocío. La humedad del aire se condensa entonces y queda atrapada en forma de microgotas dentro de la película de barniz mientras esta se seca.
  • Formación de microvacíos (causa física y óptica). El velo blanco es, en realidad, un efecto de dispersión de la luz. Al evaporarse disolventes volátiles como la acetona, pueden romperse los enlaces entre la resina y la pintura, o la resina puede disgregarse en partículas minúsculas. Esas partículas y los huecos de aire que dejan dispersan la luz en todas direcciones en vez de dejarla pasar, y el ojo humano interpreta ese efecto como color blanco.
  • Uso de productos inadecuados (causa química).
    • pH elevado: soluciones de limpieza muy alcalinas, como el amoníaco o ciertos jabones con pH superior a 9, pueden saponificar los aceites o atacar las resinas naturales y provocar el pasmado.
    • Disolventes fuertes o de secado rápido: sin componentes que retarden el secado, suelen dejar residuos de resina mal disuelta que se redepositan de forma opaca.
  • Envejecimiento y pérdida de adhesión. Con el tiempo, si el barniz pierde el contacto íntimo con la pintura subyacente por fluctuaciones de temperatura y humedad, se crean microseparaciones que generan ese aspecto empañado.

Si tu barniz se ha pasmado, lo que estás viendo no es una mancha de color, sino luz rebotando en millones de poros microscópicos llenos de aire o humedad atrapada. En restauración, este problema se soluciona a menudo mediante disolventes retardadores o sistemas gelificados que permiten que la capa de resina se reorganice y recupere su transparencia original.

Una limpieza «artística» o subjetiva, sin control de la evaporación, es un factor de riesgo crítico para la aparición de este fenómeno.

Simbología e iconografía

Jerónimo quiere decir: el que tiene un nombre sagrado.
(Jero = sagrado. Nomos = nombre).
Eusebio Hierónimo de Estridón o Jerónimo de Estridón (Estridón, Dalmacia, c. 340 – Belén, 30 de septiembre de 420),
Consagró toda su vida al estudio de las Sagradas Escrituras y es considerado uno de los mejores, si no el mejor, en este oficio. Estudió en Roma a los grandes autores clásicos latinos, Cicerón, Virgilio, Horacio y Tácito, y a los autores griegos: Homero, y Platón, pero no dedicaba tiempo a leer libros religiosos.
Tras un sueño decidió no dedicar más tiempo a libros paganos y dedicarlo al mundo espiritual.
Tradujo al latín toda la S. Biblia, y esa traducción llamada «Vulgata» (o traducción hecha para el pueblo o vulgo) fue la Biblia oficial para la Iglesia Católica durante 15 siglos.
Sus últimos 35 años los pasó en una gruta, junto a la cueva de Belén.
Es considerado un santo por la Iglesia católica, por la Iglesia ortodoxa, por la Iglesia luterana y por la Iglesia anglicana.

En su honor se celebra, cada 30 de septiembre, el Día Internacional de la Traducción.

Hay dos iconografías clásicas para la representación de san Jerónimo: la primera lo presenta escribiendo en su gabinete, traduciendo las sagradas escrituras, como aparece en el cuadro de Domenico Ghirlandaio para la iglesia de Ognissanti en Florencia. La segunda lo muestra sometiéndose a mortificación como penitencia. Son obras muy conocidas las de Caravaggio («San Jerónimo escribiendo») y el penitente del monasterio de Montserrat, la de Alonso Cano en el museo de bellas artes de Granada, y el de El Greco en el National Gallery of Scotland, Edimburgo.

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